The Booth At The End


The Booth At The End es la serie que tendría que hacer más ruido esta temporada. Creada por Christopher Kubasik, dirigida por Jessica Landaw y protagonizada por Xander Berkeley, la componen (hasta ahora) dos temporadas de 5 capítulos cada una que no duran más de 25 min. Su proyección es modesta: se puede ver por varios canales web (en España, de momento, solo Fox) y únicamente ha sido emitida por la televisión canadiense, pero su inédito juego psicológico, espiritual y conspiratorio debería convertirla casi en viral, os explicamos por qué (sin spoilers).

Un hombre (Xander Berkeley), sentado en el reservado de una cafetería recibe a personas que tienen un deseo. Éste se puede cumplir a cambio de la realización de una tarea. Ésta, asignada por un misterioso libro, puede variar en función del deseo y, la única condición que conlleva este trato es que el interesado vuelva para contar los detalles sobre cómo va el cumplimiento de dicha tarea.

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar con tal de conseguir lo que quieres? Es la pregunta que plantea la serie al espectador. Mediante una muy simple puesta en escena (es increíble ver cómo las subtramas se construyen única y exclusivamente con el diálogo), se sumerge al público en una compleja reflexión sobre la toma de decisiones y el cómo se realiza ésta. En cada escena, más allá de las preguntas estrictamente ligadas a la trama -que le mantienen a uno completamente enganchado- las cuestiones se centran en aspectos ligados a la naturaleza humana que se desvelan a medida que el misterioso protagonista insiste en conocer los detalles en un inaudito intento por entender los motivos de determinados comportamientos. Y es mediante el diálogo como el camino se descubre mucho más rico e interesante que la meta.

Lo de quién es El Hombre, qué hace y cómo, es otra cuestión: un dios, el diablo, magia, el destino, un agente de la CIA… Para alimentar el debate aparece Doris (Jenni Blong), la camarera del bar que parece no tener deseo alguno e introduce una dinámica diferente: facilita que poco a poco descubramos algo más sobre nuestro protagonista, un tipo que se asombra ante los pormenores cotidianos del resto de mortales, pero ni se inmuta al ordenar un robo, un asesinato o un atentado.

Con un concepto, estructura y estética muy características, no podemos negar que la serie se mueve, en ocasiones, entre In Treatment y Twin Peaks, y nos pone cada vez, mediante escenas de muy pocos minutos, ante lo que parecen pequeños homenajes al dilema de Heinz. Solo esperamos, que una vez que la veáis, nos ayudéis a despejar dudas o a plantear más preguntas.


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